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jueves, 14 de junio de 2018

ISABELA Y EL LIBRO
 


Que España sea una potencia bibliógrafica y una de las naciones donde la imprenta empezó a funcionar con más fuerza se debe a la intuición mesiánica de aquella gran mujer. El libro es garantía de unidad y de libertad.


Desde la institución de la imprenta en 1472 con la publicación de los Sinodales de Aguilafuente reinando Enrique IV hasta la aparición de Internet y de las Redes Sociales c. 2000 media algo más de la mitad de un milenio. Con el cambio de era, extinta la galaxia Guttemberg la humanidad se ha internado en la de MacLuhan.


Se acabó el humanismo sustituido por la comunicación instantánea tiempos muy poco gramáticos y nada retóricos medio mundo dándole al dedito. ¿Inauguración de una cultura ágrafa? Dicen que es el tiempo de la imagen. A decir de los apocalípticos pasó el Tiempo del Padre  (Viejo Testamento) vino el del Hijo (la era de la cruz) para dejar paso al Tiempo del Espíritu. Vino aquel impresor ambulante con sus chibaletes de tipos de madera (letrera gótica en combinación con la redonda italiana) y las prensas empezaron a gemir y a sudar. El mundo cambió. Johan Parix tardó algún tiempo en cobrar la minuta de este librillo encargo del obispo Arias Dávila un converso como tanta gente de mi pueblo ▬ una serie de pautas disciplinarias dirigidas a los clérigos de la diócesis: que no podían tener moza, ni binar los días de precepto, ni cabalgar sino en mula, ni llevar armas o dar malos ejemplos ▬ pero al fin cobró.


Cuentan las crónicas que  el tipógrafo tudesco murió pobre de una borrachera. Que le gustaba el vino de la ribera y el choricillo de Cantimpalos. La imprenta abrió muchas puertas y empezaron a circular las ideas. Eso lo sabía bien la reina y si no lo sabía acaso lo intuyó porque era muy perspicaz y sabía latín.


Tuvo por maestra a la judía madrileña Beatriz Galindo y se entendía en dicha lengua con los embajadores. Al principie don Juan y a sus cuatro hijas Isabel, Juana, Catalina y María les puso profesor particular para que aprendieran latín y griego y algo de hebreo, una tarea de la que se encargaban ciertos clerigos a los que se les llamaba "domines".
Consideraba a un Libro de Horas el mayor tesoro que poseía. No es por vanagloria pero considero que este fervor por los libros  nos marca a los de Segovia. En una de mis primeras fotos de mi infancia aparezco con un libro en la mano bajo los chopos de la Fuencisla.


En Londres, en Doncaster en Nueva York, en Oviedo una de mis aficiones creo casi un vicio han sido las visitas a las librerías de lance. Acudo con unción casi sacramental muchos sábados a los tenderetes de la Cuesta Moyano. Libros usados. Rátigo, autores descatalogados físicamente de poco valor pero que me acercan a ciertas remembranzas de la inmortalidad. En estas páginas olvidadas se guarda lo mejor que puso en órbita la mente humana. Lo mejor y lo peor. Cuando las musas se convierten en furias u odaliscas.


Es cosa averiguada que la letra escrita vence a la muerte. Los que descuartizan a España no tienen memoria cuando difaman a los Reyes Católicos. El libro es lo mejor que dio de sí nuestra patria y esa gesta por mucho que lo intenten no lo podrán borrar de loa anales. Aunque se olviden o traten de soslayar la gesta de Colón o la irrupción de los versos y la música de Juan de la Encina para orquestar la tragicomedia de la Celestina. Los libros en este país nunca garantizarían la riqueza de los literatos; “carmina aurum non dabunt” Horacio) pero enriquecen el alma y son una fuente de energía interior. Leer alarga la vida.


Me he ganado la vida con el periodismo que es por decirlo así la infantería de las letras pero al aspirar a un arma mayor y a un cuerpo de elite encontré en mi país sellados los toriles. Es un mundo en agraz, dificilísimo, siempre lo fue y en la actualidad mucho más. Se pierde dinero con los libros, no gané subvenciones ni premios literarios, ni tan siquiera reconocimiento. Fue la Fortuna diosa cicatera para un servidor ▬ las letras me depararon bastantes disgustos e incomodidades aunque no me quejo, ▬ seguramente moriré pobre y olvidado como Juan Parix, como Quevedo, igual que Cervantes o Valle Inclán.


A la adversativa, tengo a gala y a mucha honra haber nacido cerca de Aguilafuente el pueblo segoviano donde los tórculos empezaron a funcionar divino invento que no podrá morir y hasta creo que resucitará. Isabel de Castilla dicho sea a modo de colofón debería subir a los altares. Había que proclamarla patrona de los juntaletras soñadores y aspirantes a la utopía en libertad. 


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