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miércoles, 16 de diciembre de 2020

 

VILLAAMIL PROA AL VIENTO. SALVÓ LA CARA FRENTE A LA INPECIA DE LOS POLÍTICOS Y LA PARLATERÍA DE LOS PERIODISTAS y (V)

 

 

Amaneció Dios aquel 3 de julio de 1898, en Cudillero celebraban las fiestas de san Pablín y en Castropol empezaban las novenas del Carmen. Toda Asturias rezaba por sus marinos destacados en Cuba.

Los diarios ingleses hablaban de la estrategia de Fernando Villaamil un marino serio, estudioso, conocedor de la mar y recordando la frase de "honra sin barcos y barcos sin honras decía que a la marina de guerra española la más experimentada del mundo junto con la portuguesa no se le podía pedir eficacia técnica pero en el combate siempre los españoles habían derrochado valor.

La sombra siniestra de Trafalgar se erguía como un espectro sobre el rostro de aquellos intrépidos nautas. Villaamil en su ultima visita a Oviedo para despedirse de la Santina, rogando su intercesión, y visitar a su amigo Clarín había profetizado "voy al desolladero".

Don Leopoldo Alas templaba gaitas " no hombre, no, que ha de hacer, tú, cuando estos líos acaben te volverás a Serantes, me vendrás a ver a Guimarán y nos tomamos unas sidrinas".

Por desgracia las palabras del literato asturiano eran vanas esperanzas.

La flotilla que había zarpado de Cádiz y aportado a Cabo Verde para carbonear  y la aguada ─ el "Maria Teresa", el "Oquendo", el "Colón", "Vizcaya", "Plutón" y "Furor"─ había sido seguida por los potentes acorzados "Brooklyn", "Iowa", "Texas", "Indiana" y "Gloucester" hasta Santiago de cuba, les dejaron entrar pero bloquearon LA BAHÍA.

Los buenos servicios de información gringa chocaron contra la palabrería y bravatas de la prensa española mal informada y locuaz.

Uno de los torpederos realiza una acción desesperada y proa al viento y a toda máquina trata de embestir al Brooklyn. Lo mandaba el capitán Eulate.

Sonaron los pitos de abordaje pero se acabó el carbón y la nave norteamericana se dio a la fuga. Horas antes de llegar habían recibido las dotaciones la fatal noticia de la voladura del "Maine", la derrota del general Vara del Rey frente a los mambises, y la declaración de guerra a España por el gobierno de los Estados Unidos.

Algunos miembros del estado mayor en Madrid habían propuesto el regreso de la flota para defender la Coruña, Cádiz y Gijón que amenazan los americanos destruir. Sin embargo, Villaamil, aun sabiendo que eso significaría ir al matadero, es partidario de una "fuga adelante" y de defender Cuba y Puerto Rico mediante una maniobra de distracción con un ataque rápido a Nueva York desde el "Maria Teresa" pero este navío, la nave capitana, estaba viejo y mal artillado para una operación de semejante envergadura.

Sin embargo, Villaamil a la desesperada apela al viejo carácter bélico de los españoles que en tierra propiciaron la guerrilla y en la mar la flotilla (palabras que han quedado en el inglés) buscando el abordaje con el "Gloucester"; todo en vano.

Aquella mañana de Julio al sonar el cornetín de zafarrancho de combate salió primera la nave capitana "María Teresa" a botafuego o resguardada a estribor por el torpedero "Plutón" que pronto fue hundido por los disparos del "Iowa" con fuego a discreción; gracias a Dios el almirante Cervera logró salvar ganando la costa a nado.

 Conviene advertir el comportamiento ejemplar de la marina estadounidense que recogió a los náufragos y no aceptó la espada del almirante en rendición conforme a los códigos de la lucha  en alta mar.

El "Furor" comandado por Villaamil no tuvo la misma suerte. Al amanecer se había entonado en el castillo de proa el himno de España y una arenga alentando a la lucha por España y por su reina. Se izó el pabellón de combate.

 La consigna a la marinería a la orden de zafarrancho, fue escueta: "salir según orden y viva España". A los cabos  que daban la orden se les tomó la voz de emoción en sabiendo que iban a una muerte segura.  

El capitán Villaamil y su contramaestre  Arderius bajaron al sollado y en el camarote se tomaron entre los dos una botella de ron (saltaparapetos) nos dice su biógrafo Francisco Camba.

Al ver la muerte de cerca los grandes marinos siempre tienen a mano un gran frasco de ron y acaso una plegaria. Al subir a cubierta el fuego graneado del enemigo se intensificó alcanzando a don Fernando en el pecho. El torpedero que mandaba se desarboló, la toldilla fue por los aires y se abrieron en el casco brechas de agua.

Arderius dice que escuchó su grito por España y por mi reina. Arderius salvó quedó cojo y manco fue rescatado en un esquife por la tripulación del acorazado norteamericano. Y esa es la historia.

Cuando voy a Serantes, subo al camposanto y me cuadro ante la tumba vacía de este gran asturiano. Su cuerpo no fue encontrado pero su espíritu vive allí. "Villaamil avante y con esta cruz delante". Siempre. Nos derriban pero no nos rematan. España no se acaba. Este hombre que murió a los 52 años es un paradigma para las generaciones venideras. Los buenos soldados nunca mueren sólo desaparecen en la alturas. Quizás la muerte no sea el final

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