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domingo, 8 de diciembre de 2024
UN PAIS DE CAMAREROS Y DE TURISTAS DE ALUBIÓN
Cuatro € por una cocacola tres por un café sentado en la terraza al pie de la estatua de comunero, no se podía dar un paso.
El puente de la Inmaculada un pretexto para el turismo en manada y en mi pueblo no se podía dar un paso. Fui a Segovia a dar las gracias a la Virgen del Perpetuo Socorro por mis ochenta años y a ofrecer a mis nietas. Que las cuide.
La del perpetuo Socorro seguía allí en su camarín del postigo de san Andrés mirando para la Hontanilla sobre su cara de cera soplaban las brisas del Eresma y a mí me parecía que nos sonreía a los cuatro. A Almudena Sofia Carla y a mí.
Detrás se veían las escalerillas de San Roque, el Corral de los Huesos, antiguo camposanto hebreo, el matadero, la Casa del Jurri y la Gota de Leche. Esto era la judería vieja.
Algo se nos debió de pegar de aquellos ancestros tanta biblia, tanto rezo, sartas de salmos, las dudas y las creencias, pero por un café casi seiscientas de las antiguas pesetas qué judíos se han vuelto los de mi tierra.
Claro que es de lo que viven y por eso te clavan los muy abusones.
Nos estamos convirtiendo en un país de camareros para nuestra desgracia.
Nada producimos, lo importamos todo. Y para colmo estamos levantando gente puertas abiertas. Medio Marruecos está aquí.
Al cruzar un paso de cebra de Fernández Ladreda un coche en el que iban unos negros recién desembarcados de la patera toda la pinta de haber robado el vehículo faltó un tris que no me arrollan, son cosas de la globalidad.
¿Qué mano infernal mece esa cuna?
Estamos metiendo al ladrón jifero en casa, no se cansen los bocazas de proferir loas a los derechos humanos.
La caridad bien entendida empieza por uno mismo y veremos lo que la desepañolización da de sí… dice el refrán metí un ratón en mi cillero e hizose amo del granero.
Los de Segovia lo sabemos bien que no hay peor cuña que la de la misma manera.
Los actos de la celebración del cuarto centenario de la Reina Católica han discurrido con sordina como con temor y sin demasiados alardes.
Subiendo de la Fuencisla hacia el Camino Nuevo me detuve ante el que dicen cementerio judío que ofrece un aspecto semi abandonado.
Pero no recé un kadish por los difuntos y este estado deplorable tiene una justificación las matanzas de Gaza, el fantoche de Zelensky un tipo sanguinario lo mismo que Netanyahu el sacamantecas no son bien quistos en esta plaza aunque murmuren alabanzas con la boca pequeña para no incurrir en el anatema de antisemitas.
Es el propter metum judeorum de los de abajo mientras los de arriba se deshacen en elogios a esos carniceros judíos que quieren acabar con la paz del mundo.
Bueno la cosa viene de lejos. El arcipreste de Hita empieza su maravilloso libro del Buen Amor con esto: “Señor Dios que a los judíos, pueblo de perdición, sacaste de las garras del faraón, y a Daniel libraste de las zarpas del león, sácame a mi, cuitado, de esta mala prisión”
Y eso que el bueno de Juan Ruiz era de la raza y conocía el paño.
Y lo termina con otra frase un poco más alegre: “Como dijo Aristóteles es cosa verdadera por dos cosas trabaja el mundo. La primera era por haber mantenencia y la otra cosa era tener ayuntamiento con hembra placentera”. Dejémoslo ahí
jueves, 5 de diciembre de 2024
Posted: 16 Dec 2019 09:42 AM PST Sánchez Mazas, el escritor al que quisieron fusilar13 de Diciembre del 2019 - Antonio Parra Galindo (Cuideiru) Rafael Sánchez Mazas, "La vida nueva de Pedrito Andía" Escribir es como rezar, y mis plegarias se adentran en mundos olvidados preteridos denostados. Ahora lo marginal sólo interesa, lo demás es propaganda venal de los padres conscriptos, dígotelo yo, Jáuregui, y a ti Onega lameculos. Los generales de antaño fueron fusilados por los chusqueros y estamos en manos de esta mafia periodística, tengo el corazón en un puño y el alma puro grito. Pocas generaciones literarias dieron tanto juego, hasta casi el espasmo, como aquel florilegio de escritores falangistas: Mourlen Michelarena, García Serrano, Tomás Salvador, Agustín de Foxá, Tomás Borras. Rafael Sánchez Mazas pertenece al cupo de aquella primera floresta. Su primorosa novela “La vida nueva de Pedrito Andía”, que retrata el primer amor de un educando en colegio de jesuitas. La recomendaba aquel buen padre Penagos en los ejercicios de redacción del seminario de Comillas, curso 1959-60. Se me ha venido al releerla aquel mundo arriba cuando todo anda boca abajo. Era el año 1959, un otoño mágico. Eissenhower era recibido apoteósicamente por el general Franco y la España de posguerra daba paso a los tiempos esperanzados del desarrollo económico. Rafael Sánchez Mazas, un aristócrata vasco con palacio ducal en Extremadura, fue el primer ministro de Cultura en el primer gabinete después de la Guerra Civil. Fue uno de los grandes corresponsales que firmaban crónicas en el “Arriba”. Narró el ascenso de Mussolini, le sucedería Ismael Herraiz para contar la caída del régimen fascista, Italia fuera de combate. Sus crónicas eran magistrales, al unísono con las de Eugenio Suárez, el cual, desde Budapest, refirió para todo aquel que quisiera leer en libertad la destrucción de Hungría por los tanques rusos y los B52 norteamericanos. Como contó la verdad Eugenio Suárez, hoy es un autor descatalogado, lo pusieron fuera de combate los manigeros de la información en su avidez por ubicar a la Historia patas arriba, pero los hechos de la vividura de estos periodistas de la Prensa del Movimiento están ahí. Inalterables. Los hechos son sagrados, las opiniones libres, un lema olvidado por los contumaces de las “fake news”. A mí, en mi modestia, me cupo cerrar el ciclo y echar el cierre a las oficinas de Pyresa, primero en Londres y de seguido en Nueva York, uniendo mi nombre al de estos de eminentes escritores. Aspiraba a ser émulo de todos estos, hoy, ay, fenecieron aquellas plumas galanas. Fuimos los últimos de aquella insigne hornada -last of the breed- en la cúspide de una generación cifra y compendio y modelo para todo aquel que quiera ceñir su existencia al oficio de narrar. Se acabó lo que se daba. Puede todavía que siga habiendo alguien que lea a Julio Camba o Mariano de Cavia, a D’Ors, Alfonso Barra, Félix Ortega, a Ricardo León, corresponsal en Berlín en 1914, o Eugenio Montes, considerados como pioneros en el oficio de enviado especial. Rafael Sánchez Mazas fue célebre por otro concepto: hecho prisionero en Madrid y refugiado en una embajada extranjera, consiguió escaparse a Cataluña tras una larga peripecia, pero, aprehendido por los rojos, compareció ante el pelotón de fusilamiento del Ejército republicano. Había poca luz en el paredón de aquel convento cerca de la frontera, sonó una descarga, se hizo el muerto, evitando así ser rematado con el tiro de gracia. A boca de noche y arrastrándose entre las zarzas, consiguió alcanzar una masía cerca de Gerona. Su escapada dio lugar a la gran novela de Javier Cercas (también este fue periodista de la Prensa del Movimiento como redactor de “Los sitios”.) En una entrevista que me concedió cuando yo era reportero, Rafael elidió referirse a este suceso. Por lo visto, uno de los cabos del Ejército rojo dio la alerta: “Aquí no hay nadie”. Estaba oscuro y todo el Ejército vencido se daba prisa por alcanzar la frontera francesa. La vida de este periodista y escritor fue senda de abrojos. En el capítulo 49 (poder profético de la literatura) parece ya intuir este lance, iba a ser condenado a muerte por fusilamiento, cuando cae por la ventana de un pajar y se lastima con los pinchos de aliagas y zarzas, “entonces suena una voz de alguien que viene hacia él con una escopeta... ¿Quién anda ahí? No dispares, tía... Soy Pedrito... Cuando te toque ir a la guerra serás valiente, Pedrito, le dice la tía... sí; no más. Clara en la novela revela su amor apasionado por don Carlos VII era... Pero si ya no hay guerras, Pedrito... Lo dicen en la Sociedad de Naciones. … Pues habrá, Pedrito, y a ti puede que te quieran fusilar los liberales, pero saldrás adelante porque eres muy listo...”. No me cabe duda de que existe algo premonitorio en este pasaje. Sánchez Mazas era un tipo alto de aspecto semita acérrimo a los principios del Movimiento, fumador empedernido e inasequible al desaliento, tuve la suerte de conocerlo. Venía de la tradición carlista por derecho de familia, pero los Andía se sienten traicionados por los Borbones. Luego los falangistas también lo traicionaron y lo relegaron al olvido. Fue de los pocos que se abstuvieron de comulgar con ruedas de molino, de los que no subieron al carro del oportunismo. Él no cambió de chaqueta. Al morir, en 1966, sentenció su abandono con esta frase: “Ni perdono ni olvido”. Su hijo Rafael Sánchez Ferlosio, autor del “Jarama”, recogió el testigo y fue un innovador de la prosa española. Se hizo socialista. La vida nueva de Perico Andía es un relato bien escrito lleno de candor y de ternura, con referencias a su primer amor, Isabelita, y su amistad inquebrantable con un compañero de clase, José Mari, y la admiración al padre Cornejo, traduciendo a Juvenal y aferrado al báculo del Raimundo de Miguel, aquel diccionario en el que aprendimos latín en aquellos internados de jesuitas. Se nota el aire vascuence de su autor en frases y giros que salen de debajo de una chapela... Perico, muy cargado vas, pintor o así te has hecho. El estilo es autobiográfico. Un texto de las entradas de un diario de un adolescente en la edad del pavo y el despertar de sus células en unas vacaciones de verano de 1953. El estilo correctísimo y algo dandy me ha hecho pensar en el Great Gatsby de Fitzgerald, son los locos años 20, pero, sobre todo, me ha recordado la voz carraspeante del padre Penagos, que llegaba al aula con su jovialidad inquebrantable con artículos de periódicos copiados a ciclostil para los temas de redacción. Este libro ha sido para mí una evocación también de mi adolescencia difícil. Agur jauniak (adiós, señores), que decía mi amigo Aramburu cuando jugábamos a pala. ESPAÑA MI NATURA |
martes, 3 de diciembre de 2024
NUBE DE ESPLÍN
maestro azorin cuanto digas a mi plin
duerme la luz de enero
silencio en las tinieblas
iluminada
horizontes que vuelven
y se alejan
quitémonos ese furor de encima
Auschwitz dejemos que los muertos
entierren a sus muertos
se cumplirá mi palabra
vayamos caminando
por la vereda de rosales
los días son iguales
solo aparentemente
bebamos con sosiego
yantemos con holganza
será lo nuestro criar panza
ver enfurecidos telediarios
que inquietan nuestra siesta
es la hora de tercia
cuando Cristo expiró
en el calvario
pongamos la yacija
al lado del torrente
y boca arriba
miremos las estrellas
el silencio infinito
del universo
sazonará el fruto
de nuestra nada
es el hombre una sombra
fragil cendolilla que danza
en el berral
e enero
cuando la gata del Roxu
tuvo ya el celo
la noche es día
en la Concha de Artedo.
Y al rescoldo
de la chimenea
que templa los huesos frios
de la provecta senectud
Cantemos a los caldos
de las Caldas
de Narcea
El vino vitrix es vida
Gaudeamus igitur.
Doy besinos al xarro
cada trago
un recuerdo
de la mocedad
del ayer
Cada osculo un consuelo
Vinum bonum
alarga la vida
del viellu.
Cuco cucliellu
rabicán de escoba
cantando en mi huerto
dime cuanto queda
para mi entierro.
Oyendo tus silbos sonoros
quedo trashoguero
al amor de la lumbre
en la tarde de enero
Asciende el humo
miro extasiado consumirse
el tuero que fue rama
del árbol caído en el monte
ué bueno, hermano, qué tarde tan agradable! Todo saldrá bien, desde luego. Un abrazo
MIRA QUÉ GUAPOS ESTAMOS LOS DOS Y HEMOS VENIDO AQUÍ A HABLAR DE MI LIBRO. UN ABRAZO HERMANO. EL PRÓXIMO DIA QUE TE VEA TE DARÉ EL QUE ME QUEDA 666 RL NOMBRE DE LA BESTIA LLOVIENDO ROSAS Y LA MUJER FUERTE PERO NO TE COBRARÉ PUES YA ES SUFICIENTE PARA CUBRIR GASTOS. GRACIAS POR TU AYUDA. TENEMOS QUE CUIDARNOS. EL PISO SE VENDERÁ NO TE PREOCUPES ME GUSTÓ LA GENTE DE LA AGENCIAPRESENTACIÓN DE CELA EL CAFE GIJON MI HERMANO EL PERIODISTA JAVIER PARRA GALINDO HIZO LA PRESENTACIÓN Y FUE UN ÉXITO DE PUBLICO
Estamos guapos mi hermano y yo en la presentación de mi libro "Cela, yo y el Café Gijón" que ha sido un éxito de ventas. Defino a Cela, soy un gran conocedor del enigma de este gran escritor y sus relaciones con la vida literaria años 40. Este era un olimpo de la fama, registro que auscultaba la vida literaria. En la foto comparecemos Javier Parra Galindo y el que suscribe


